Lugares públicos no aptos para discapacitados.

Subes con tu silla de ruedas a un autobús de Madrid y planeas bajarte en la parada más cercana a tu destino.  Así que, después de un corto recorrido, llegas a tu parada en el Paseo de la Castellana, al sur de la Plaza de Castilla. El autobús baja la rampa y tu desciendes.  ¡Sorpresa! La parada es una isla al lado del boulevard central y carece de rebajes en ningún lado para poder descender con la silla de ruedas.

¡Estás atrapado! Es la parada de las líneas 27 y 147, identificada con el Nº 29 de la EMT de Madrid.

La altura de la isla sobre el nivel de la calle es insalvable para una silla de ruedas eléctrica. No te queda más remedio que esperar el siguiente autobús, subir de nuevo y bajarte en una parada que quede directamente sobre la acera.

¿Y qué tiene de particular esta parada? Pues que se encuentra justo al lado de la plaza en donde se encuentra el monumento en honor a Calvo Sotelo.

¿Bueno, y qué tiene esa plaza?

Pues, primero, que es uno de los puntos ideales para fotografiar las Torres Kio.

Por supuesto, puedes elegir diferentes ángulos, según aquello que quieras destacar. En el caso de esta imagen, destacamos la parada de autobús sin accesibilidad

Y segundo, que en el monumento en cuestión dice: “España a Calvo Sotelo”.

Pero resulta que la plaza es totalmente inaccesible para sillas de ruedas. Es decir que “España” no son todos los españoles, porque los que van en sillas de ruedas no son partícipes en esa dedicatoria, puesto que nunca pudieron haber asistido a su inauguración.  Ninguna persona en silla de ruedas eléctrica (con las manuales quizás te puedan ayudar a llegar) tiene manera de subir a ella para ver las estatuas y ornamentos.

Esa plaza, diseñada por el arquitecto Manuel Manzano-Monís, a mi juicio representa bien los diseños de espacios públicos carentes de funcionalidad real.

La rampa que se ve bordeando la plaza a espaldas de las esculturas, es totalmente engañosa, puesto que, ¡no lleva a ningún lugar! No da acceso a la parte superior. Simplemente sube por un lado y baja por el otro, formando un arco de noventa 180 grados. Es tan solo un elemento decorativo, que al arquitecto, supongo yo, le pareció interesante añadir, pero carente de función práctica.

Además, desde la calle tampoco se puede acceder  a esta rampa, porque toda la plaza se encuentra sobre una isla sin rebajes por ninguna parte. Y aún logrando subir a ese primer nivel, por el otro lado de la plaza hay varios escalones para poder tener acceso a los monumentos.

Pues aquí tenemos, en pleno Madrid “accesible”, una parada en isla que no tiene rebajes para el acceso de sillas de ruedas (como muchas otras paradas en isla que hay en la ciudad), y una plaza de todos los españoles, pero sin accesibilidad para muchísimos españoles.

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