Disfrutando del mar

Como padre de un hijo tetrapléjico por 20 años ya, conozco bien que para las personas en su condición el placer de un baño en el mar puede ser una experiencia esquiva, por la poca o nula accesibilidad de la mayoría de las playas naturales. El esfuerzo que significa empujar o tirar de una silla de ruedas manual sobre la arena blanda suele ser disuasorio; pero para las pesadas sillas de ruedas elécticas resulta casi imposible.
Por eso fue que estando un día miércoles cualquiera durante este verano en la ciudad de Gijón, siguiendo el paseo marítimo pasé frente a la playa de poniente. Enseguida descubrí algo que me llamó la atención: una docena de sillas de ruedas bajo parasoles en medio de la arena. Me acerqué y noté que en su mayoría eran discapacitados psíquicos. Estaban asitidos por personal de ASPACE y de la Cruz Roja quienes me informaron que, durante el verano, siempre que el tiempo lo permita, cada miércoles acudían allí.

Observé el entorno. Desde el nivel de la calle una larga acera de madera sobrepuesta sobre la arena permite el acceso hasta la mitad de la zona plana de la playa. Unos metros después llega un declive que lleva hasta el agua durante la marea baja. En la marea alta el mar quedará al ras. Precisamente al final de esa acera, unos metros hacia el costado derecho acomodan las sillas de ruedas.
La dedicación y el esfuerzo del personal de estas dos instituciones hacen posible que, en una playa que no puede considerarse precisamente “accesible”, aunque pudo haberlo sido (y aún se puede) dado que se trata de una playa creada artificialmente, un numeroso grupo de personas con diversidad funcional, un día distinto a los otros tengan la oportunidad de disfrutar del aire, del sol y del agua.
Gracias a los equipos suministrados por la cruz roja (en este caso un par de sillas de ruedas anfibias, con gruesas ruedas de balón que permiten desplazarse sobre la arena y flotra en el agua), de dos en dos, estas personas son llevadas hasta el agua para que, durante un rato, disfruten la experiencia del baño en el mar.


Mis más sinceras felicitaciones para esas abnegadas personas de ASPACE y la Cruz Roja Española en Gijón. Y seguro que en otros sitios también se esfuerzan por llenar de alegría la vida de estas especiales personas quienes, además de todo, deben luchar contra las barreras arquitectónicas, ya no solo las naturales sino también las creadas por el propio hombre en sus diseños urbanísticos y arquitectónicos inadecuados para ellas.









Menos mal que poco a poco vamos progresando, es una verguenza lo que sufre este colectivo.
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